La otra puerta del Tanatorio
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Orgullosos de ser funerarios


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Anécdotas de un pasado reciente 8: el cura

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1 Anécdotas de un pasado reciente 8: el cura el Miér Jul 01, 2015 11:40 pm

millhone


Admin
Todos sabemos lo importante que puede ser un sacerdote para una familia. Hablar de la presencia de sacerdotes católicos en los tanatorios es hablar de un fenómeno habitual: forman parte de los ritos personales que conducen al consuelo; el catolicismo o las muestras de respeto ligadas a la fe son algo explícitamente demandado por una mayoría de familias.

Se considera que la oferta de tales personas debe ser algo garantizado por la organización. No hablamos de algo de lo que pueda prescindir. Uno puede prescindir de gestionar el envío de las cenizas del difunto al espacio, pero no puede prescindir de trabajar con estos colaboradores. Si prescindiéramos de los sacerdotes sería como tener un restaurante y que la bebida la tuvieras que poner de casa.

Como en todo proveedor voluntario, en este grupo hay personalidades variopintas y la empresa no siempre ha podido elegir. Así se ha trabajado con gente un tanto petarda pero también con gente amable y terriblemente generosa. Hay de todo en esa viña.
Pero a lo que vamos, aquel día, fíjate por donde, la empresa no pudo garantizar el sacerdote. Quiero decir que, en realidad, lo que se garantizaba era la ausencia de sacerdote.

Las causas de esta situación podían ser muchas, casi todas ligadas a una gestión del servicio poco eficaz. Un fallo de estos puede suceder, y la solución no es fácil, reconozcámoslo. ¿Quién lo hubiera hecho mejor? No lo sabemos. Pero lo preocupante fue la solución aportada por ESE directivo (sí, el de siempre) y su adlátere de gestión. Una “solución” tan mala y tan peligrosa para la imagen de la empresa que desde entonces conduce a la pregunta ¿se puedo haber hecho peor?

Porque este directivo (ja, ja, ja, perdón, perdón, de verdad…) lo que decidió fue ordenar a una de las personas de más reciente incorporación que vistiera los ropajes de sacerdote que se encuentran en la sacristía y diera él el servicio religioso. Así, a las bravas.
No, no estoy hablando de ocasiones en las que un trabajador ha contado con las habilidades y conocimientos para ello, estoy hablando de una suplantación pura y dura.

¿En qué momento la mollera de estas dos personas llegó a pensar que esto era lo adecuado? ¿En qué momento consideraron que valía la pena correr el riesgo de ser descubiertos destrozando la imagen de la empresa, la del trabajador, y los sentimientos de la familia?
Porque resulta que la familia se dio cuenta, y con ello llegó el conflicto, la reclamación, los comentarios y los lógicos inconvenientes del “si la familia no se da cuenta, pues yo… la estafo”.

Siguiendo el mismo esquema en su coherente incoherencia, si la familia protesta por esto pues se la echa del tanatorio por no saber respetar las decisiones del que manda, hombre… ¡despedidos! No les necesitamos.
Decisiones como esta llevan a preguntarse qué otras cosas habrá estado haciendo este genio de la gestión (estamos gestionando servicios funerarios, no es la gestión de la NASA).

Cuando pienso en situaciones como estas reconozco que paso algo de miedo. Sencillamente, me hago una idea de las decisiones que se pueden estar tomando a diario (siempre por el mismo directivo, y quienes él ha promocionado).

Una vez se publicó en varios periódicos una extraña noticia. Un sujeto había muerto al incendiarse su casa. Al parecer, trató de matar un ratón que se había colado en su domicilio echándole gasolina y prendiéndole fuego. Quiero que los lectores usen su imaginación para imaginarse una bola de fuego de dos centímetros de radio saltando hasta casi volar, subiendo por paredes y muebles hasta varios metros de altura, a una velocidad indescriptible, como una centella minúscula, por todo una habitación, dejando tras de sí pequeñas manchas y trazos de llamas que de inmediato prendieron en cortinas, libros y sofás, durante unos interminables segundos, antes de caer muerta.

¿Tontería suprema?

Bueno, no sabría decirlo con seguridad, digamos que hubo una vez que, debiendo disponer de un servicio religioso, una empresa funeraria no tenía sacerdote…

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