La otra puerta del Tanatorio
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Orgullosos de ser funerarios


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Anécdotas de un pasado reciente 7: taladreitor-man

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millhone


Admin
La empresa ha proporcionado a sus clientes unas instalaciones estupendas.

Obviando la estrechez de pasillos y ascensores en 004, la necesidad de renovación en algún aspecto de 001, la tendencia a lucir el buen hormigón, y algún que otro detalle fruto de un impulso megalítico, los tanatorios de esta empresa son el orgullo de todos y la bandera de la organización. En serio. No es ironía.

Dentro de esas buenas instalaciones, podemos hablar de los túmulos. Incluso con las necesidades de mantenimiento de 001, los más viejos y frecuentemente remozados, los túmulos se hicieron pensando en prestar un buen servicio: cuidado del fallecido por refrigeración, facilitar la higiene y la limpieza, y prevenir su deterioro fruto de la condensación.

Sí, la condensación: esa cosa que tiñe de humedad las paredes, que favorece mohos y bacterias, que a su vez se comen los yesos, las siliconas, las maderas, y casi todo lo que haya.
Por eso, en los centros más recientes, se contó con mejor aislamiento en sus paredes o con estética de suaves maderas.

Sin embargo, era difícil contar con otras amenazas. La amenaza del ser humano (o sub-humano: paleontólogos de todo el mundo no han hallado respuesta).

Bien, puede que exponer la tapa del arca junto al féretro con el fallecido tenga algo de sentido. No lo podemos negar. Los clientes más exigentes tienden a dejarse llevar por el peso de lo tangible, y si sienten que han pagado por un féretro, justo es que lo vean. Es un argumento.

Sin embargo, deben sopesarse bien algunas dificultades y efectos secundarios si se decide taladrar las paredes del túmulo para colocar clavos, pinchos, ganchos de carnicero o lo que se tercie según ingenio y gusto (o falta de ellos, que tenemos un historial…) para disponer la tapa en la acción “presentación del fallecido”, que incluye los elementos que rodean al mismo.

Los efectos secundarios que considero más graves son:

a) alejamiento de la experiencia. Seamos serios, por centrada en el gasto que esté una familia, casi ninguna recordará el arca pasado un cierto tiempo (corto), pero casi todas recordarán cómo fueron tratados o cómo fue la estancia, si se sintieron cómodos. Empeñarse en el clásico de “¡toma féretro!” es asumir la imposibilidad de evolución en el sector, es mantener por convicción que importa más el objeto que la experiencia vivida al recibir el servicio, es impedir que salgamos del siglo XIX y sus siniestras imágenes.

b) deterioro del túmulo. Las manipulaciones y agujeros dañan el túmulo, a veces de forma irreversible, destruyendo parte de sus propiedades de aislamiento y su aspecto. Se ha desaconsejado perforar el túmulo en más de una ocasión, pero debe ser que compensa en las mentes de quienes propugnan por colgar las tapas. Total, no es su túmulo. Ni su empresa, así que se la f* cuando quieren. Y ellos en el pueblo ¡harían lo mismo! (Que el pueblo sea un pueblucho o una pequeña capital de provincia es irrelevante).

Lo de instalar ganchos en los túmulos contra todo consejo es fuente de numerosas ocasiones para la diversión, el disfrute, y el alborozo: esos momentos en los que los efectos florales impiden la visión de la tapa colgada haciendo inútil el esfuerzo de haber dañado el túmulo, esas reparaciones extra después de un tiempo, esas caídas de la tapa para alegría de propios y extraños, con enorme placer de la familia afectada ¡catacras! La banda sonora de su velatorio (ya ha ocurrido: miralá cara a cara que es la primera…) Y esos momentazos “haz lo que te ordeno” sobre el personal castigado a ejecutar la fenomenal idea.

El grito pelado, la herramienta de los... Bueno. Niños, no abuséis de ella. En serio.

La verdad es que algunas veces, hasta pienso que debería meterme en un lío para ser adecuadamente gritado por esta persona, más que nada para tener claro que estoy en bando adecuado. No hay nada como percibir los rebuznos de otro para aumentar la propia autoestima. Pero, además de no ser tan masoca, comienzo a sospechar que tampoco hay eggs por parte del actor principal. Para él es más sencillo atacar tareas tangibles: meter cubos en ranuras de cubo y prismas en las de triángulo, y ordenar perforar los túmulos.

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